Caballo de Troya. 3.- El Incidente del P-3B Orion

5 de junio de 1982. 18:30 h. Sector Statfjord, Mar del Norte.

El limpiaparabrisas del parabrisas blindado apenas daba abasto contra la lluvia cada vez más densa. A través de la bruma, el horizonte empezaba a oscurecerse rápidamente; la marejada abajo mostraba ya cresta blanca y el barómetro de la cabina marcaba la llegada inminente de una buena tormenta estival.

Manteníamos al 333 Skvadron a mil pies de altitud mientras nos aproximamos a las estructuras de la Brent Alpha. Teníamos orden de realizar una pasada cercana para comprobar qué demonios estaba haciendo allí amarrada la patrullera británica.

P-3B Orion a patrullero británico HMS Lindisfarne. Procedemos a pasada de inspección visual sobre su posición, cambio.

La respuesta no tardó en entrar por la radio de MB, limpia y sin un atisbo de duda en el inglés del operador:

HMS Lindisfarne a Orion. Recibido. Códigos IFF transmitidos.

En la consola del oficial de táctica táctica (TACCO), la luz verde del respondedor secundario parpadeó. Códigos correctos. Protocolo aliado en regla. Con la lluvia azotando el fuselaje, metí palanca abajo y reduje gases, iniciando el descenso hacia los trescientos pies para una pasada suave de norte a sur.

Descendiendo a baja cota. Alineando con la estructura de la plataforma... Mantened la pasada estable, chicos.



A doscientos nudos, la masa de la Brent Alpha creció rápidamente tras las gotas del cristal. La Lindisfarne destacaba amarrada de costado, balanceándose entre el oleaje.

Estábamos casi sobre ellos cuando el cielo frente a nosotros se volvió blanco.

No hubo advertencia en los receptores de alerta de radar. El estruendo del primer proyectil de 40 mm retumbó por encima del rugido de los cuatro motores turbohélice. Un impacto seco y espantoso sacudió violentamente todo el fuselaje. El ala derecha se levantó de golpe mientras la cabina se llenaba de luces de alarma rojas y el avisador acústico de fuego sonaba estridente: la primera ráfaga del Bofors había despedazado la carcasa del motor número tres, envuelvándolo instantáneamente en llamas y soltando una metralla que despedazó las líneas hidráulicas del plano.

¡Nos disparan! ¡Tracción a la izquierda, tracción a la izquierda! —grité, luchando con la cuerna de control mientras los pedales se volvían de piedra.

El segundo disparo del cañón naval pasó rozando el cristal superior mientras metía todo el timón para compensar el par de empuje. El copiloto gritaba por la frecuencia de socorro con la voz quebrada por la adrenalina:

¡MAYDAY, MAYDAY! ¡333 Skvadron alcanzado por fuego naval de la Lindisfarne! ¡Caemos, caemos!

En medio del viraje desesperado, por la ventana del copiloto vimos una estela de humo blanco salir disparada desde la cubierta superior de la Brent Alpha. Un misil Blowpipe ascendió buscando nuestra trayectoria, pero la brutal maniobra de evasión y la baja visibilidad hicieron que la estela pasara rozando nuestra cola para terminar detonando inofensivamente en el mar.

Pero ya era tarde.

Sin presión hidráulica en el plano derecho y con el motor tres expulsando fuego,  humo negro y fragmentos de hélice, el Orion era un peso muerto de sesenta toneladas inclinándose hacia el agua. El indicador de altitud descendía verticalmente: ciento cincuenta pies... cien pies...

¡No responden los mandos! ¡Nos vamos al ag...!



La frase se cortó de golpe. El ala derecha rozó la cresta de una ola a más de ciento ochenta nudos, arrancando el plano de cuajo. El P-3B Orion volcó sobre su lomo y se estrelló de plano contra las aguas heladas del Mar del Norte, desapareciendo bajo una enorme columna de agua, fuego y espuma en mitad de la tormenta.

En la frecuencia de la Marina Noruega, el silencio que siguió al último chillido de estática del radiooperador duró solo unos segundos. La pérdida confirmada del avión y la identificación inequívoca del fuego de 40 mm británico pusieron fin a cualquier vía diplomática.

A pocas millas de allí, las fragatas KNM Oslo y KNM Bergen recibieron la orden ejecutiva: Reglas de Enfretaminento Libres. Fuego a voluntad.

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